viernes, 3 de julio de 2015

Cita de la Semana



"La única garantía de establecer una paz duradera entre dos Estados es la impotencia recíproca para perjudicarse."

Frase de: François Gaston de Lévis, 1er. Duque de Lévis, Mariscal de Francia (1719-1787).

lunes, 29 de junio de 2015

ESPAÑA NO ES UNA DEMOCRACIA: 10 puntos aclaratorios

DIEZ RAZONES POR LAS QUE ESPAÑA NO ES UNA DEMOCRACIA
 
 

1. La Jefatura de Estado la impuso la dictadura franquista
El franquismo fue un régimen a todas luces ilegal, porque surgió de un golpe de Estado contra la República Legalmente constituida en democracia. El príncipe Juan Carlos, tras jurar lealtad al genocida Franco y a las leyes franquistas, sería designado por el dictador como su sucesor.
 
 
 


2. La Jefatura de Estado no es electa 
La monarquía es vitalicia y se hereda de padres a hijos como si fuera un cortijo de ferias, por lo tanto tiene un caracter profundamente antidemocrático, además de tener una total opacidad y descontrol de las cuentas que le asigna el estado para su mantenimiento. Tras la abdicación del rey Juan Carlos, en apenas 15 días, se realizó una 'Coronación Expres' de Felipe VI pactada por el bipartidismo y sin contar con la aprobación del pueblo.
 
 
 

3. Las cuentas del Estado las lleva Alemania. 
El gobierno no consulta al pueblo las decisiones importantes mediante referéndum y sigue las directrices económicas que marca Angela Merkel desde Bruselas. Se habla incluso de que España es una provincia de Alemania. 
 
 
 

4. La justicia no es igual para todos. 
El poder judicial es partidista porque lo eligen los partidos políticos. Carece de independencia y permite que la figura del rey sea inviolable. La justicia da privilegios e indulta a los grandes ladrones, lo que genera desigualdades y crea ciudadanos de primera, segunda y tercera. 

Respecto a los Derechos Humanos, España es el segundo país del mundo tras Camboya en número de desaparecidos con más de 140.000 personas cuyos restos no han sido recuperados ni identificados. La apología del franquismo es legal y la Ley de Amnistía de 1977 impide juzgar a los criminales franquistas.
 
 
 

5. La soberanía nacional no reside en el pueblo.
La democracia se limita a votar cada 4 años a algunos representantes políticos. Lo que se significa como una carta en blanco para que los políticos maniobren a su antojo, sin que el ciudadano tenga herramientas útiles (Referéndum vinculantes, ILP's sin la correspondiente censura del congreso y senado) para poder cambiar las negligencias políticas.
 
 
 

6. Recorte de libertades. 
La ley mordaza aprobada recientemente por el gobierno, es una vulneración total de las libertades esenciales en democracia como son la libre expresión, la información o el derecho a manifestarse. Lo que da pie a la criminalización de la protesta social. Otro claro ejemplo es la limitación del derecho a decidir de las mujeres sobre el aborto. 
 
 
 

7. La Constitución es papel mojado 
La Constitución de 1978 es el documento oficial que más artículos incumple, se ha convertido en un papel mojado, incapaz de garantizar los derechos ciudadanos elementales: salud y educación públicas, derecho a techo, salarios o pensiones dignas. Además de ser un documento cerrado, que da privilegios a la monarquía que nadie eligió por referéndum y que vino impuesta por la dictadura anterior. 

8. El sistema electoral es fraudulento. 
El reparto de los votos es desproporcionado, los grandes partidos están sobrerepresentados, es decir, tienen más diputados de los que les corresponden, todo a costa de los partidos minoritarios, lo que facilita un bipartidismo político. Las reglas del juego no son iguales para todos, es como jugar una partida con las "cartas marcadas". 
 
 
 

9. La Corrupción se ha institucionalizado 
En España no dimite nadie por corrupto. En muchos casos hemos visto que en las listas electorales participaban políticos imputados en múltiples casos de corrupción. Por si esto fuera poco, la corrupción ha salpicado a la monarquía. 

10. Las Listas electorales son cerradas 
Los votantes no tienen la opción de elegir a un representante, sino que tienen que elegir una lista cerrada de representantes. Esto no sucedía durante la II República donde las listas eran abiertas. Por otra parte, los diputados y senadores están sometidos a la disciplina de partido, sin tener en muchos casos libertad de voto.

Luis Egea


viernes, 26 de junio de 2015

Cita de la Semana



"La dictadura es 'cierra el pico' y la democracia es 'sigue hablando'."

Frase de: Jean Louis Barrault (1910-1994), actor, director y mimo.

Anécdotas Históricas -274-



El entonces Príncipe de Gales nunca tuvo una relación fluida con su padre el rey Jorge V de Gran-Bretaña, y éste se comportaba con sus hijos de forma notablemente abrupta, fría y distante. Un día, Lord Derby quiso sugerir al monarca que se condujera de manera más relajada con su heredero, que rebajase un poco la tensión entre ellos. Jorge V se volvió entonces hacia el conde y le soltó tajante:

-"¡Mi padre tuvo auténtico pavor a su madre. Yo mismo temía a mi padre. Estoy condenadamente resuelto y procuraré que mis hijos también me tengan miedo!"

Anécdota de: Jorge V, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda del Norte, Emperador de la India (1865-1936) y de Edward George Villiers Stanley, XVIIº Conde de Derby (1865-1948), Secretario de Estado para la Guerra y Embajador de Gran-Bretaña en Francia.

viernes, 19 de junio de 2015

Cita de la Semana



"La crítica es un impuesto que la envidia percibe sobre el mérito."

Frase de: François Gaston de Lévis, 1er. Duque de Lévis, Mariscal de Francia (1719-1787).

jueves, 18 de junio de 2015

DE PUTA A EMPERATRIZ: Teodora de Bizancio

DEL INFIERNO AL OLIMPO
 
 

En la historia hay seres que nos asombran y Teodora de Bizancio es uno de ellos. No existe "culebrón", por muy exagerado que sea, que pueda competir con el alucinante destino de nuestra protagonista.
Ya es mucho que empezara siendo prostituta y terminase emperatriz, pero es que, además, fue la mejor como prostituta y una de las grandes gobernantes de toda la Historia como emperatriz.



En alguna parte de la costa asiática de Turquía o de las islas cercanas (¿Chipre?) nació, en el siglo VI d.C., Teodora, hija de Acacio. Como miles de hombres y mujeres en permanente lucha contra la miseria y el hambre, ella, sus padres y sus dos hermanas, dejaron la aldea natal y marcharon hacia la capital del Imperio Bizantino, Constantinopla.

El centro vital de la capital era el Hipódromo, donde combatían gladiadores, competían cuádrigas y se exhibían animales exóticos, y a él acudió en busca de trabajo el humilde Acacio. Lo consiguió como ayudante del cuidador de osos de los Verdes, una de las dos facciones (la otra eran los Azules), en las que se dividían los aficionados al circo.

El padre de Teodora era un excelente trabajador, que realizaba su tarea a total satisfacción de sus jefes y de los osos, por lo que pronto fue ascendido a cuidador titular, gracias a lo cual la familia empezó a salir de su miserable situación.

Desgraciadamente, las alegrías de los pobres suelen durar poco. Acacio murió y su viuda, nuevamente casada, no consiguió que se otorgara a su segundo marido el puesto del primero, a pesar de que así lo exigía la costumbre y la tradición.

Ante la certeza de volver a caer en su antigua y penosa situación, la dolorida madre reunió a sus tres hijas, adornó sus cabezas con guirnaldas y flores en las manos para que se las identificara como "suplicantes", irrumpió con ellas en la pista central del Hipódromo, entre dos carreras, y contó sus desgracias, pidiendo a gritos ayuda a los jefes de los Verdes, facción para la que trabajó su difunto y primer marido Acacio.

Curiosamente, no la obtuvo de aquellos pero sí de los Azules (que la ayudaron para poner en ridículo a sus rivales), convirtiéndose el padrastro de Teodora en cuidador de osos de la facción que representaba los intereses del emperador, de la nobleza y el clero.

Junto con sus hermanas, la niña Teodora deambulaba por los siniestros subterráneos del Hipódromo, conociendo y sufriendo desde su primera infancia las más bajas pasiones humanas.
Para que las niñas muy pobres pudieran mejorar su situación, no habían más caminos que el teatro o la prostitución; actividades que, sea dicho de paso, en la Constantinopla de aquella época, estaban íntimamente ligadas.

Cuando la mayor de las tres, Comito, llegó a la pubertad, su madre la introdujo en el teatro. Junto a ella, el público se acostumbró a ver a una niña de unos diez años que arrastraba el taburete en el que se sentaba la artista durante sus representaciones. Era Teodora, que de tan humilde manera empezaba a acostumbrarse a pisar los escenarios.
Pronto, ella misma empezó a actuar, sin haber alcanzado aún la pubertad. No tocaba la flauta ni el arpa, tenía una figura esmirriada y decía mal sus textos, pero... enseguida gustó. ¿Por qué? sencillamente porque Teodora tenía el don de excitar a los hombres.
Contaba chistes obscenos, se contorsionaba lúbricamente y, lo más importante, se presentaba en el escenario cubierta tan solo con un taparrabos. Debía causar sensación, no hay duda, para que el público se olvidase de su paupérrima actuación como actriz...

Inteligente y ambiciosa, llegaba siempre un poco más lejos en sus representaciones para gustar más excitando mejor.



Un buen día, montó un número que la propulsó hacia las puertas de la fama.
Apareció en el escenario con su habitual escasez de ropa y, sin saludo ni palabra alguna, se dejó caer sobre el piso de piedra, con las piernas entreabiertas y la mirada perdida en el cielo que servía de techo al improvisado teatro en el que actuaba. Los espectadores contenían la respiración en espera de lo que iba a suceder..., y lo que sucedió estuvo lejos de defraudarlos.
Entraron varios esclavos portando pequeños sacos llenos de granos de cebada y esparcieron su contenido sobre el cuerpo yacente; especialmente sobre senos, muslos y sexo. Y ante la sorpresa del público enmudecido, empujados por los esclavos, irrumpieron seis a siete gansos que, como se puede imaginar, se lanzaron con furioso entusiasmo a devorar los granos.
Con gestos y contracciones, Teodora supo transmitir muy bien las supuestas sensaciones que el picoteo le producía y, pronto salido de su mudez, el auditorio estalló en rugidos.

A partir de ese día, Teodora fue invitada de honor en las fiestas llamadas "comunitarias", que organizaban los jóvenes nobles y los ricos.
Tenía fama en ellas, la chica, además de bailar y contar chistes, de ser capaz de satisfacer plenamente a anfitriones e invitados, aunque su número, como pasó en una ocasión, alcanzara la treintena.
Realizando tales proezas artísticas y gimnásticas, no puede extrañar que, con apenas 16 años, Teodora fuera la prostituta mejor pagada y celebrada de Constantinopla.
De sus ingresos tenía que entregar una generosa cantidad al maestro de danzas de los Azules ( una especie de impuesto de protección, pero muy legal). Cuando alcanzó el éxito y, con él, le llegó el dinero, la muchacha buscó independizarse. Convenció a su íntima amiga Antonina y, en compañía de otras dos chicas, abrió su propia "casa" que pronto fue una de las más acreditadas de la capital. El mejor burdel del Imperio, hablando claro.

Sin embargo, y sin que se entienda el motivo, cuando estaba ganando mucho dinero y afianzando su nombre, se dejó convencer por el recién nombrado gobernador de la africana provincia de Pentápolis y se fue con él a tan remoto lugar en calidad de "amante oficial".
La experiencia se tradujo en un rotundo fracaso y, fruto de ésta, trajo al mundo una niña que acabaría por dejar en Pentápolis, y un larguísimo camino de vuelta a Constantinopla. A pesar de ello, fue en ese camino donde se produjo la inflexión de su vida.
Dando tumbos de lecho en lecho, llegó a Alejandría y allí conoció al hombre que, junto a Justiniano, más influiría en ella.
No era, como cabría suponer, un rico libidinoso, sino un santo hombre de iglesia llamado Severo, ex-patriarca de Antioquía, que Roma separó de su alto cargo por defender la herejía monofisita (que sostenía la existencia de una sola naturaleza, la divina, en Cristo). Recuérdese que durante los más de 1.000 años que duró el Imperio Bizantino, la principal preocupación de sus habitantes no fue el peligro turco o los placeres del lecho ni el Hipódromo, sino las discusiones teológicas en general y las referidas a las naturalezas de Cristo en particular.
Severo era hombre de gran sabiduría, primera autoridad en la Patrística y experto en las Sagradas Escrituras. De hecho, sus escritos aún perduran.
Hasta ese santo y eminente personaje llegó Teodora con toda su carga de humanas miserias, y fue escuchada por él no una, sino muchas veces. Por primera vez la "ramera" podía hablar con un hombre que no deseaba su cuerpo, y aprovechó la oportunidad. En él volcó todos sus pecados y humillaciones y sufrimientos, pero también sus ideales, sus ambiciones y sus sueños.
Mucho y bueno debió de ver en ella el patriarca, porque pasó horas y horas en su compañía.
Cuando Teodora dejó Alejandría para continuar su viaje a Constantinopla, se llevaba con ella la semilla del monofisismo, que arraigaría para siempre en su espíritu.
Tras sufrimientos indecibles, 3 años después de su marcha, Teodora llegó por fin a Constantinopla, preparada para encontrarse con su destino.

Su amiga y socia Antonina había logrado enamorar al joven y victorioso general Belisario, íntimo amigo del sobrino del nuevo emperador, Justino.
Este sobrino, a quien el emperador había rebautizado Justiniano, era hombre de cultura y ambición suficientes para desear ocupar el trono cuando su tío, ya sexagenario, muriera.
Desde su regreso, Teodora convivía con sus antiguas amigas en el burdel que también había sido de ella, pero no participaba en fiestas ni aceptaba la compañía de hombres. Para sorpresa de toda la ciudad, pasaba los días hilando en una rueca.
Aceptó, sin embargo, la invitación de Antonina para conocer a Justiniano, llevado al burdel por su amigo Belisario. Y ocurrió lo imprevisible.



Justiniano, hombre de mil amantes, religioso hasta el fanatismo y amigo de todos los placeres, compendio fiel del bizantino de su época, se enamoró de la prostituta a la que decenas y decenas de hombres habían poseído.

Aunque hay que convenir que lo imprevisible ocurría frecuentemente en Constantinopla, porque Belisario también se enamoró de la no menos prostituta Antonina.

Justiniano pronto hizo su amante a Teodora y, tras unas semanas de breves encuentros, la instaló en su lujosa residencia. Para regocijo de todos los que tan íntimamente la habían "conocido", no pasó mucho tiempo, sin que la antigua prostituta fuera elevada a la alta dignidad de patricia. Eso suponía, claro está, que Teodora podía por fín ocupar el palco reservado a las mujeres nobles en el Hipódromo. Atrás quedaban los tiempos de los subterráneos fétidos, los manoseos de su cuerpo y la humillación del día en que fue "suplicante".
Pero todo lo alcanzado, con ser tanto, no era suficiente para Teodora. Quería ser la esposa de Justiniano, cosa imposible puesto que la ley, en este punto, era tajante: prostitutas y artistas del teatro no podían casarse con nobles.
Su amante, loco de pasión, se hubiera saltado la ley, y es de suponer que su complaciente tío y emperador, hubiese consentido en ello, pero la emperatriz Eufemia, de firmes convicciones religiosas y morales, estaba decidida a impedirlo. Asi pues, Justino, con tal de no atraerse las furias de su esposa, no dió su consentimiento. No hubo boda, pero por poco tiempo: Eufemia falleció al poco y por causas naturales, dejando el camino libre y sin obstáculos.
El mismo año, el emperador Justino no deroga la ley discriminatoria, sino que la "interrumpe" el tiempo suficiente para que su sobrino y Teodora puedan consagrar su unión ante Dios. Tres años más tarde, el emperador decide compartir la pesada carga del gobierno con Justiniano, asociándole al trono y coronándole emperador. Teodora ya está al pie del trono.



Cuatro meses más tarde, fallece Justino y Justiniano asume todas las atribuciones de "Basileus" a sus 45 años; Teodora, convertida por fin en emperatriz consorte, tiene entonces 27 primaveras.
Pero la historia no acaba ahí, aunque parezca que con su ascenso en el exclusivista olimpo de las testas coronadas, se cumpla su increíble destino.
Teodora quería llegar al trono, pero no para usufructuarlo, sino para "gobernar".
Cierto que se excedió en sus venganzas y, junto a su marido, expolió al pueblo con impuestos para financiar las faraónicas obras que los dos concibieron y realizaron; entre ellas, el templo de Santa Sofía, el más bello de la cristiandad. Pero cierto también que las leyes que propició son motivo de admiración aún hoy.
En el "Corpus Juris Civilis", magna compilación legal de Justiniano, está la mano, el cerebro y el corazón de Teodora; en especial en el apartado de "la familia y la propiedad privada".
Por su directa intervención, los juristas que conformaron el "Corpus" derogaron -para siempre- la inicua ley que impedía la unión entre artistas y prostitutas con los hombres, fuesen o no nobles, que libremente desearan desposarlas.



Logró también que se incluyera la persecución del proxenetismo (antes protegido por la ley) y la declaración de que la prostitución es "un agravio a la dignidad de las mujeres".

En contra de lo que todas las legislaciones establecían, Teodora logra dar fuerza legal al principio de que los hijos tienen los mismos derechos, incluso ante la herencia, hayan nacido legítimos o ilegítimos. Hay que tener en cuenta que esta igualdad se ha logrado en la mayoría de los países durante el siglo XX, y que Teodora la postuló y llevó a cabo hace nada menos que 1.500 años!
Más allá de las leyes, realizó una persistente y eficaz campaña para erradicar la prostitución. Nadie mejor que ella conocía el sufrimiento que engendra. Las prostitutas fueron invitadas a dejar su oficio en el plazo de 3 meses; de no hacerlo, eran encerradas en una residencia llamada "Castillo del Arrepentimiento".
En cuanto a las que elegían casarse, la emperatriz se encargaba personalmente de concederles una generosa dote.

Por aquellos tiempos, los hombres apaleaban, engañaban, repudiaban a sus mujeres: hacían cuanto se les antojaba con ellas. Con Teodora, éstas pudieron tomarse un desquite.
Fémina que llegara hasta palacio para presentar una queja contra marido, padre o hermano podía tener la seguridad de que sería escuchada y de que el agravio del cual era víctima, no quedaría impune.
Evidentemente, las mujeres bizantinas, fuertes de esa protección imperial, se vengaron y engañaron a sus maridos descaradamente, a sabiendas de que si éstos se propasasen con ellas, darían con sus huesos en la cárcel.



Pero los impuestos y los excesos cometidos por más de un alto funcionario imperial, llevaron al pueblo a la insurrección. En el año 532, y al grito de "Nika!" (Victoria), las turbas se hicieron con el control de Constantinopla, matando y quemando a discreción. Todo parecía perdido para el emperador; tenía un puñado de soldados fieles pero sus enemigos eran decenas de miles.
Con el palacio imperial quemado en parte por la chusma, se celebró una tensa reunión entre Justiniano, los jefes militares fieles y los ministros. La mayoría opinaba que el monarca debía abandonar la capital y refugiarse en la costa asiática y, desde allí, intentar la resistencia. A punto de ceder, intervino inopinadamente Teodora, irrumpiendo en la sala y yendo contra la costumbre de que la emperatriz interrumpiera una sesión del consejo y, mucho más, que hablase. Pero Teodora no se paró en formalismos. Con voz clara y firme, mirando cara a cara a Justiniano, dijo:

-"Sobre si está bien visto o no que una mujer se presente ante hombres o se atreva a mostrarse cuando otros vacilan, no creo que sea éste el momento más apropiado, ante la presente crisis, para discutir un punto de vista u otro. Pero cuando una causa corre el máximo peligro hay un solo y verdadero camino a seguir: aprovechar lo máximo posible la situación actual. Creo que en estos momentos la huída es inapropiada, incluso si lleva consigo la salvación. Una vez que un hombre ha nacido a la luz es inevitable que tendrá que enfrentarse con la muerte, pero un emperador no puede soportar el verse convertido en fugitivo. Emperador, si quieres huir en busca de la salvación, te resultará fácil; tenemos dinero en abundancia, a la vista está el mar, aquí están los barcos. Sin embargo, en lo que a mi respecta, aún creo en el viejo proverbio de que la realeza es una excelente mortaja."

Humillados por una mujer, los ministros derrotistas enmudecieron y habló el valiente general Belisario, obteniendo la inmediata aprobación del atónito Justiniano para su plan represivo.
Según algunos historiadores, más de 20.000 murieron en esa jornada, pero la sublevación fue totalmente vencida y salvado el trono bizantino. Y todo gracias, no al insigne Justiniano, sino a Teodora, la antigua "ramera", que vivió, reinó y gobernó, junto con su marido, durante 16 años más. Finalmente, en el año 548, un cáncer de mama acabó con su vida, no sin antes haber casado a su sobrina predilecta, Sofía, con el sobrino favorito de Justiniano, Justino. A la muerte del "Basileus", la pareja heredaría el trono.

Cuando fue prostituta, fue la mejor; cuando emperatriz, superó al gran Justiniano.
¿Hay quien la iguale?

in "LA CARA OCULTA DE LOS GRANDES DE LA HISTORIA" de Juan Manuel González Cremona. Colección "Memoria de la Historia", Editorial Planeta 1993.


 

viernes, 12 de junio de 2015

Cita de la Semana



"A los ídolos no hay que tocarlos: se queda el dorado en las manos."

Frase de: Gustave Flaubert (1821-1880), escritor.

sábado, 6 de junio de 2015

Anécdotas Históricas -273-



El entonces rey Juan-Carlos I de España, como rezaba la tradición, solía acudir anualmente a la inauguración de la Feria del Libro en Madrid. En una ocasión, dando rienda suelta a su homofobia y con su habitual desparpajo, entró en la caseta de la Asociación de Gays y Lesbianas y soltó a los allí presentes:

-"¿Aquí sólo publicáis libros de mariquitas?"

Anécdota de: Juan-Carlos I de Borbón y Borbón-Dos-Sicilias, Rey de España (n.1938).

viernes, 5 de junio de 2015

ACTUALIDAD: La chulería del Rey Felipe VI con el PNV

IÑAKI ANASAGASTI
"LA CHULERÍA DEL REY FELIPE VI CON EL PNV"
 
 
 
Felipe de Borbón ha visitado oficialmente Francia de donde viene su apellido. Ha sido un viaje por todo lo alto, con chulería, con grave chulería incluida.
 
Dicen que este hombre está muy preparado. No tanto. Ha tenido una mala educación. Se cree superior a los demás.
 
Sabe francés e inglés, pero eso hoy en día y con una buena programación educacional lo saben casi todos los jóvenes  con master o sin él.
 
Pero mi condena a este señor que visita Marruecos y no se preocupa  de los saharauis ni de los  derechos humanos conculcados como le pide Amnistía Internacional, que viaja a Arabia al funeral de un sátrapa  al que llaman también rey, que machacó los derechos de la mujer, que recibe al presidente de Egipto y solo le habla de negocios, es lo que acaba de hacer hoy  contra el PNV.
 
Su anterior viaje fue  suspendido a cuenta del accidente de Lufthansa. Pero  al ver  que en el programa estaba la visita a la sede que el PNV compró en 1936 en Paris en la Av. Marceau y que fue incautado por la Gestapo y por el franquismo y donde hoy funciona el Instituto Cervantes le pregunté al gobierno por esta anomalia.
 
Hice una pregunta oral al ministro de Asuntos Exteriores, Jose Manuel García Margallo y éste hace un mes me contestó desabridamente que ese palacete era del estado español según sentencias y resoluciones del Consejo de ministros. Ellos se lo guisan, ellos se lo comen. Un robo por todo lo alto y ellos unos ladrones.
 
Y todo mentira.
 
La sede fue incautada por la Gestapo en 1940, puesta a la venta bajo ocupación alemana en 1941, recuperada por el PNV en 1945 y perdida en 1951 por la dichosa sentencia del Tribunal del Sena ocurrida bajo ocupación alemana. ¿Qué querían estos demócratas a la violeta? ¿Que Jose Antonio Aguirre hubiera ido en 1941 a ese Tribunal a reclamar lo propio para que le hubieran detenido y fusilado al amanecer?.
 
Parece que sí. Y en base a este criterio dicen hoy que el Instituto Cervantes está muy bien ubicado en un lugar robado al PNV.
 
Le advertí al ministro que se lo dijera al rey, y que no visitara nada sin el permiso del PNV, su legítimo propietario.
 
Pues bien. El llamado rey ha ido hoy al despacho del Lehendakari Aguirre y realizado una asquerosa ceremonia de chulería, queriendo decir con su gesto inamistoso: "esto  es nuestro  y yo soy el jefe del cotarro".
 
Este señor me parece lo que es: un chulo maleducado y una persona que no sabe el ABC de la democracia.
 
Esto no ocurre hoy en ningún lugar de Europa sensible con lo que ocurrió en la segunda guerra mundial.
 
Ha cubierto  el expediente  con un tardío  homenajillo  a los pocos republicanos vivos que llegaron a la liberación de París. Menos homenaje a unos viejecitos republicanos a los que se les dedica un parquecito en París, aunque nada parecido lo hayan hecho todavía en Madrid.
 
Con la misma chulería institucional.
 
Lástima que no se le pite como se le pitó el sábado pasado en la final de Barcelona.
 
Todo pues una ópera bufa muy a la española. Y muy de la España cañí.
 
Hoy me ratifico una vez más en mi sentimiento republicano vasco y creo que nuestras autoridades deberían por lo menos protestar o tratarle en el futuro a este sujeto como él trata a la historia y a lo que es del PNV.
 
Una total sinvergonzonería. Con mucho sinvergüenza suelto.
 
De: Iñaki Anasagasti "La chulería de Felipe VI con el PNV" in www.ianasagasti.blogs.com

EL TTIP: ¿Qué es y en qué te afecta?

EL TRATADO TRANSATLÁNTICO DE COMERCIO E INVERSIONES aka TTIP 
(V.O. Sub. Castellano)
 

Cita de la Semana



"El mundo está tan corrompido que adquirimos la reputación de hombre de bien con solo abstenerse de hacer el mal."

Frase de: François Gaston de Lévis, 1er. Duque de Lévis, Mariscal de Francia (1719-1787).

lunes, 1 de junio de 2015

CURIOSIDADES -184-

"Remedio Victoriano"



En la Inglaterra de la Era Victoriana, la sífilis hacía estragos no solo en los bajos fondos: las clases acomodadas y hasta la alta sociedad se veían afectadas por esa enfermedad de transmisión sexual. Pese a la férrea moral imperante de aquel recatado siglo XIX, en el que la apariencia de respetabilidad lo era todo, los prostíbulos siempre andaban repletos de clientes masculinos y los lores no desdeñaban encanallarse regularmente entre los brazos de alguna fulana como hacía la plebe. Incluso en la prostitución habían clases y clases de lupanares: para señoritos y para obreros y rufianes. Pero, para la sífilis, no cabía distinción alguna a la hora de elegir víctima. Los remedios medicinales de entonces, eran incapaces de curar esa enfermedad mortal que actuaba como una bomba de relojería en tres fases en sus incautos huéspedes. Al mercurio, le sustituyó en aquella época el arsénico en pastillas como elemento base para su tratamiento, sin por ello resultar más eficaz (más bien todo lo contrario). Para colmo, se difundió una falsa creencia médica -agárrense bien- de que el enfermo de sífilis podía curarse milagrosamente (si tenía los medios económicos para ello, claro) desvirgando a una joven y sana chiquilla, a partir del módico precio, claro está, de 5 libras Esterlinas!
Aquella creencia provocó un auténtico tráfico de niñas de 13 a 14 años que llenó las carteras de los proxenetas y contribuyó a extender aún más la enfermedad.

viernes, 29 de mayo de 2015

Cita de la Semana



"Todo hombre tiene su precio, solo hace falta saber cual es."

Frase de: Joseph Fouché, 1er. Duque de Otranto (1759-1820), Ministro de la Policía.

jueves, 28 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -183-

"¿Cuánto pesan 300 millones?"



Cada vez que la Reina Elizabeth II de Gran-Bretaña e Irlanda del Norte acude a la sede del Parlamento Británico, en Westminster, para dar su discurso de "apertura" en la Cámara de los Lores, la soberana atraviesa Londres (desde Buckingham hasta Westminster) con toda la pompa y ceremonia que exige tal evento desde que se estipuló en el año 1536: a bordo de la carroza de oro y escoltada por la Guardia Real, engalanada con sus mejores joyas. Una vez llegada al palacio de Westminster, Elizabeth II cambia su diadema de 1.330 diamantes y 180 perlas (heredada de la Reina Victoria), por la corona imperial estatal cuajada de 2.868 diamantes, 273 perlas, 17 zafiros, 11 esmeraldas y 5 rubíes, con sus 31,5 cms. de altura y su peso de 1 kgr. En tan solo este quilogramo de peso se concentran, entre piedras preciosas y el armazón de oro, la friolera suma de 300 millones de euros.

 

sábado, 23 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -182-

"Cabellera Imperial"



La que fue Duquesa Elisabeth en Baviera (1837-1898), desdichada consorte del Emperador Francisco-José I de Austria y más conocida como "Sissí", poseía una fabulosa cabellera castaña que le llegaba hasta los tobillos. Esa impresionante cabellera demandaba, sin embargo, unos cuidados poco comunes. Lavados una vez al mes (cada 3 semanas), los cabellos de la emperatriz eran responsabilidad exclusiva de su peluquera Fanny Angerer, que también ejercía su oficio en el Teatro Imperial de Viena. Levantada a las 5 de la mañana, Sissí se sometía al ritual diario de su baño en agua fría (para conservar su lozanía) que combinaba también con baños en litros de aceite de oliva templado para darle suavidad a su piel. Una vez limpia, y ante su tocador y en bata, entraba su peluquera para peinar su abundante cabellera, un trabajo que requería hasta 2 horas diarias. Cuando tocaba lavarlos, la peluquera le aplicaba una mascarilla hecha a base de huevo y coñac, y debía permanecer con ésta durante todo el día hasta el aclarado final. Ese día, la emperatriz no tenía agenda y no abandonaba sus aposentos para dedicarlo exclusivamente a sus cuidados.

Otra curiosidad sobre la reina-emperatriz, aparte de su anorexia y su obsesión por estar delgada, es su extrema coquetería a la hora de abordar su imagen. Tras cumplir los 30 años de edad, prohibió tajantemente que se le hicieran fotografías; no deseaba que la posteridad la recordase envejecida sino eternamente joven y bella. Después de los treinta, Sissí no salía al exterior de sus residencias de otro modo que con la cara cubierta por un velo o tapándola parcialmente con su abanico.

viernes, 22 de mayo de 2015

Cita de la Semana



"Si restáramos del patriotismo de la mayoría de los hombres el odio y el desprecio que sienten por las otras naciones, quedaría muy poca cosa."

Frase de: François Gaston de Lévis, 1er. Duque de Lévis, Mariscal de Francia (1720-1787).

jueves, 21 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -181-

"Madame Lucifer"



Francisca María de Borbón, más conocida como Mademoiselle de Blois (1677-1749), hija legitimada del rey Luis XIV y de la Marquesa de Montespan, era grande, majestuosa, pese a un pequeño defecto de caderas. Tenía el cutis fresco, un busto perfecto, cabellos castaños, escasas cejas, dientes largos y mejillas caídas que llevaron a decir a Madame la Princesa Palatina, su suegra, la siguiente observación en el curso de la boda: "El rostro de mi nuera se parece como dos gotas de agua a un culo."

Sus mejillas llegaron incluso a inspirar una cancioncilla burlona escrita por su propia hermana, la Duquesa de Borbón:

"¡Bella princesa!
Dónde las otras tienen narices
¿Por qué vos ponéis las nalgas?
¡Bella princesa!"

Ingeniosa y un tanto cínica, la entonces futura Duquesa de Chartres declaró poco antes de su boda con Felipe II de Orléans: "¡Poco me importa que él me quiera mientras se case conmigo!"

Sujeta a frecuentes ataques de cólera o de mal humor que acababan muy a menudo en migrañas (verdaderas o fingidas), dotada de un orgullo desmesurado, justamente apodada por su marido "Madame Lucifer", no toleraba que le recordasen que era la hija de la Marquesa de Montespan: "Era nacida de Luis XIV y eso era todo, como Minerva de Júpiter" recordaba el Duque de Saint-Simon en sus memorias y añadiendo que "...era Infanta de Francia hasta sentada en su silla oradada".
De hecho, detestaba a su madre porque ésta, tan hermosa en su juventud, nunca le perdonó que naciera tan fea, y se valía de su partida de nacimiento en la que tan solo figuraba como padre el rey para relegarla a las tinieblas del olvido*.

Su ociosa vida no era otra que la de una permanente perezosa, por lo que la princesa vivía habitualmente encerrada en su alcoba tumbada en un canapé y rodeada por sus damas de honor que, sea dicho de paso, eran auténticos cardos borriqueros. Su suegra lo atestigua en una de sus numerosas cartas: "Se ha hecho fabricar un canapé sobre el cual permanece tumbada cuando juega al lansquenet (...) juega tumbada, come tumbada, casi toda su vida la pasa tumbada."

Felipe II de Orléans, que siempre observó un exquisito comportamiento hacia ella, le rendía visita a diario. Si desde su canapé tapizado de blanco y oro fruncía el cejo (lo que solía pasar con frecuencia), él se inclinaba y abandonada sus aposentos. Cuando el humor de "Madame Lucifer" mejoraba, el duque se quedaba a su lado y se permitía bromear sobre sus defectos, bromas a las que ella respondía alegremente con otras sobre él. Nunca se atormentó ni sintió celos por las innumerables infidelidades del Duque de Orléans que, por otro lado, le hizo nada menos que ocho hijos para cumplir con su deber de esposo.

(*)_Teniendo en cuenta que la Marquesa de Montespan era una mujer casada y que había tenido hijos adulterinos con Luis XIV, no podía figurar en ningún caso como la madre en las partidas de nacimiento de sus bastardos.

domingo, 17 de mayo de 2015

Anécdotas Históricas -272-



En 1695, la linajuda Condesa de Grignan, hija de la célebre Marquesa de Sévigné, casaba a su primogénito, Louis-Provence de Castellane d'Adhémar de Monteil, Marqués de Grignan, con la hija de un intendente de provincias, de nobleza de nuevo cuño pero muy rico: Anne-Marguerite de Saint-Amand. Como en otras grandes familias de la aristocracia de entonces, se trataba de un matrimonio por interés puramente económico entre el heredero de un nobilísimo pero arruinado linaje y una hija de la alta burguesía recientemente incorporada a esa nueva nobleza gracias a su dinero.

Para disculparse ante la alta sociedad de semejante alianza desigual, dado que los Grignan eran de muy rancio abolengo, y según el testimonio del Duque de Saint-Simon, la condesa presentó entonces ante sus conocidos a su insignificante nuera de abultada dote del siguiente modo:

-"Verán ustedes: hace falta estiércol sobre las mejores tierras." 

Anécdota de: Françoise-Marguerite de Sévigné, Condesa de Grignan (1648-1705).

viernes, 15 de mayo de 2015

Cita de la Semana



"La mayoría de hombres son idiotas. Esto también es sabido."

Frase de: San Agustín, Obispo de Hipona (354-430), doctor de la Iglesia Católica.

jueves, 14 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -180-



"Sangre Real en Downing Street"

El actual Primer Ministro del Reino Unido de Gran-Bretaña, el Muy Honorable Mr. David Cameron (n.1966), que acaba de ganar por segunda vez las elecciones, resulta ser un primo lejano de la Reina Elizabeth II. Ambos comparten a un mismo antepasado real: el rey Jorge III (1738-1820).



David Cameron es, en su caso y gracias a las mujeres, un descendiente del rey Guillermo IV (1765-1837), que reinó entre 1830 y 1837 sucediendo a su hermano mayor y predecesor Jorge IV y precediendo a su sobrina carnal la reina Victoria I, tatarabuela de Elizabeth II.

 
Retrato de Guillermo IV, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda, Rey de Hannover entre 1830 y 1837. / Abajo, retrato de la actriz Dorothea Bland, alias Mrs. Jordan, amante del entonces Duque de Clarence.
 
 


Guillermo IV, entonces príncipe real y 4º en el orden sucesorio con el título de duque de Clarence y de St.-Andrews en vida de su padre el rey Jorge III, mantuvo una larga relación con la famosa actriz Dorothea Bland (1761-1816), de la que nacerían nada menos que una decena de hijos ilegítimos, entre ellos una hija bautizada como Lady Elizabeth FitzClarence (1801-1856), más tarde convenientemente casada con un lord de ilustre linaje: William George Hay, Conde de Erroll (1801-1846). Cinco generaciones más tarde y siempre a través de las mujeres, nació en 1966 David Cameron, nieto en séptimo grado de Jorge III.

viernes, 8 de mayo de 2015

Cita de la Semana



"El que es elegido príncipe con el favor popular, debe conservar al pueblo como amigo."

Frase de: Niccolò di Bernardo dei Machiavelli aka Niccolò Machiavelli (1469-1527), diplomático, filósofo político y escritor.

martes, 5 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -179-



"Sentido de Familia"

El Príncipe Honorato III de Mónaco, también Duque de Valentinois con Paridad Francesa (1720-1795) fue considerado como un miembro más de la familia real francesa al ser el biznieto del rey Luis XIV, igual que su primo el rey Luis XV. En lugar de residir habitualmente en su principado, vivió la mayor parte de su vida en Versailles y en París, disfrutando de los honores debidos a un pariente del monarca. Tanto es así que, para recalcar su pertenencia a la 'gloriosa' dinastía Capetiana, promulgó una Ley Sucesoria en la que, si viniera a extinguirse el linaje de los Grimaldi, la corona monegasca sería naturalmente heredada por el rey de Francia, cosa que nunca llegó a suceder. En cualquier caso, su esposa Maria-Caterina de Brignole-Sale, le abandonó para vivir en concubinato con otro primo suyo, el Príncipe Luis V José de Condé, jefe de una rama secundaria de la Casa de Borbón. Una vez viuda en 1795, pudo contraer matrimonio con su amante.

sábado, 2 de mayo de 2015

Cita de la Semana



"El hombre que no tiene otra cosa de que vanagloriarse sino de sus ilustres antepasados, es como la patata, que lo único bueno que tiene está bajo tierra."

Frase de: Sir Thomas Overbury (1581-1613), poeta y escritor.

martes, 28 de abril de 2015

WU ZETIAN, la mujer-Emperador

De Concubina Imperial a Emperador de China
 
 
Estamos en el año 637 d.C., en pleno periodo Tang de la China imperial. El emperador de entonces es Taizong "El Grande" quien ha enriquecido su harén de concubinas con una "perla" de apenas 12 años, la pequeña Wu Zetian (625-705), que a todos encanta. Se convierte prontamente en la favorita de Taizong y suscita los celos del hijo primogénito del emperador, el Príncipe Gaozong. Su "reinado" en la cama imperial será, sin embargo, de corta duración: el emperador estira la pata en julio de 649, y Wu es desterrada a un monasterio.

Por un curioso hazar, el nuevo emperador Gaozong irá a visitarla y caerá a su vez prendado de la bella Wu. Ésta cede a sus avances y se queda encinta. Cuando la noticia llega a oídos del emperador, Wu es inmediatamente traída de vuelta a la corte. La emperatriz cornuda no ve en ello ningún inconveniente: a todas luces es estéril y prima la idea de dar un heredero al imperio chino; también porque el harén es un hervidero de intrigas donde las demás concubinas imperiales traman constantemente "destronarla" y, Wu, precedida por su fama de mujer dócil, inofensiva y amable, suscita su simpatía. De hecho, toda la corte cree que Wu es tan piadosa como dulce.

El nacimiento, tan esperado, del fruto de su idilio con el emperador (una niña bastarda) la lleva al desespero hasta el momento en que toma conciencia del gran potencial que le ofrece su hija.

Justo después de una visita de la emperatriz, Wu estrangula a su hija y, interpretando a la perfección el papel de madre destrozada por el dolor, deja que sus sirvientas acusen (para salvar sus cabecitas) a la imperial visitante. El emperador, indignado, destierra a la emperatriz asesina y la sustituye por Wu pero, preso de remordimientos, Gaozong toma la decisión de ir a visitar a su ex-primera esposa para aclarar el asunto. Enterada la nueva emperatriz, manda a sus esbirros que se hagan con su rival y predecesora, le amputen pies y manos antes de ahogarla en un barril de vinagre. Empieza entonces su sanguinolento reinado de terror: cualquier disidente, cualquier rival es enviado al otro mundo; su marido el emperador Gaozong será envenenado, su familia política asesinada, su favorito suprimido, los consejeros imperiales decapitados y sus mujeres e hijas vendidas como esclavas.

Habida cuenta que los dos hijos mayores del difunto emperador habían sido liquidados por su insolencia hacia la emperatriz viuda, será el tercer hijo quien heredará el imperio y sustituirá a Gaozong. No tardará en ser depuesto, víctima de una conspiración palatina urdida por la propia Wu, su madre. Y, sin reír, ella misma manda proclamar públicamente que es un hombre "según el Espíritu Celeste" y toma, ni corta ni perezosa, el título de emperador. Lo nunca visto en toda la historia de China.

Que Wu se haya proclamado "Emperador", no le impide conformar un harén masculino para su exclusivo uso y disfrute. En él, solo entran los machos más apuestos y mejor dotados del imperio. Pero dicho harén no pareció contentarla suficientemente ya que, según se cuenta, le complacía enormemente que le practicasen el cunilingus los extranjeros venidos en visita oficial a la corte china. Taoísta, creía firmemente en la virtud de los intercambios de fluídos sexuales.

Amén de su temible apetito sexual, Wu tuvo una ambición sin medidas. Puesto que el título de emperador no le era suficiente (y eso que fue la única mujer en llevar dicho título en toda la historia de China), pone fin a la dinastía Tang en el año 690, y crea la suya: la dinastía Zhou. Para asegurar su supervivencia, nombra heredero y perpetuador de su dinastía a su hijo Zhongzong, al que no mandará asesinar como al resto de sus familiares, con la esperanza de que éste recogerá el testigo materno.

Dado su comportamiento de auténtica tirana, cosa que no impide que se convierta en la soberana china más popular de la historia, pronto se trama en la corte una conspiración que no tiene otro objetivo que poner al heredero Zhongzong en el trono celestial. El complot resulta todo un éxito: la noche del 22 de febrero de 705, tras hacerse con la guardia de palacio y degollar a todos sus favoritos, los conspiradores obligan a la vieja soberana a ceder la corona a su hijo. Secuestrada, sus enemigos le afeitan la cabeza y la encierran en el mismo monasterio donde, en su juventud, había sido internada. Pocos meses después, Wu fallecía a la edad de 83 años.

Lo más sorprendente de esta historia es que fue una emperatriz adorada por sus súbditos, sobretodo por su pueblo, interpretando el papel de gran devota. Es ella quien mandó realizar una soberbia escultura de Buda para las grutas de Longmen (hoy patrimonio de la UNESCO), organizando numerosos peregrinajes. Su reinado supone una época de gran estabilidad y modernización para el imperio. Instaura la libertad de culto, la sanidad pública, promueve la investigación médica, establece una gran red de centros de enseñanza que admiten a las mujeres, reduce los impuestos, reparte tierras a granjeros, desmobiliza el ejército abogando por la negociación diplomática, reglamenta el acceso para cualquier cargo público y conforma una corte de intelectuales y eruditos. Llega incluso a mejorar el estatus de las mujeres de su imperio y escribe, para ello, un libro sobre "la conducta a llevar por las mujeres en sus hogares", en el que alaba la dulzura, la humildad y la total sumisión que las esposas deben observar con sus maridos. Fue, desde luego, todo lo contrario de lo que ella hizo y practicó en vida.

sábado, 25 de abril de 2015

MARÍA-AMALIA DE SAJONIA, REINA DE LAS ESPAÑAS


MARÍA AMALIA DE SAJONIA
REINA DE NÁPOLES Y DE SICILIA
REINA DE LAS ESPAÑAS Y DE LAS INDIAS
1724 - 1760
 
 

María Amalia de Sajonia (Dresde, 1724-Madrid, 1760), esposa del rey Carlos III era la tercera hija de Federico Augusto II, rey de Polonia (con el nombre de Augusto III), y de la Archiduquesa María Josefa de Austria. María Amalia fue desde pequeña alejada del ambiente de inmoralidad que reinaba en Dresde, su ciudad natal, y educada en un ambiente más serio y religioso, siguiendo el estricto protocolo de la Casa de Austria, de la que descendía su madre.

 
Retrato del Elector Federico-Augusto II de Sajonia, Rey Augusto III de Polonia (1696-1763); obra de Louis de Silvestre.
 
 
Retrato de la Archiduquesa María-Josefa de Austria, Electriz de Sajonia, Reina consorte de Polonia (1699-1757); obra de Louis de Silvestre.
 

Según cuentan las crónicas, la reina María Amalia de Sajonia fue criada en un ambiente muy culto. Debido a esto fue educada desde niña en dos idiomas, el alemán, su idioma materno, y además el francés. Igualmente se le inculcaron desde niña virtudes tales como la autodisciplina y el sentido del deber. Virtudes que luego en su matrimonio le serían muy útiles debido a su numerosos deberes como reina, y a su numerosa familia.

Según las crónicas de la época, lograr el parentesco con los Austrias fue el motivo principal que llevó a Felipe V y a su segunda esposa Isabel de Farnesio, a concertar el matrimonio de su primogénito Carlos con la nieta del emperador alemán José I. Así con el matrimonio del infante Carlos, y la joven princesa María Amalia de Sajonia se lograba reconciliar a la Corte española con la Casa de Austria tras los enfrentamientos en la Guerra de Sucesión, que tuvieron como principal consecuencia la llegada de la Casa Borbón a España.

En 1732, con dieciséis años, Carlos (Madrid, 1716- Madrid, 1788) primogénito de Felipe V y su segunda esposa, la italiana Isabel de Farnesio, consiguió el ducado de Parma tras la muerte de su tío el duque Antonio Farnesio sin descendencia. En el Tratado de Viena cambió el ducado por la Corona de Nápoles y Sicilia. Los napolitanos lograron así por vez primera en los últimos siglos un rey residente en Nápoles, que además era hijo del rey de España y de una noble italiana.

 
Retrato de la Princesa Electriz María-Amalia de Sajonia, Princesa Real de Polonia (1724-1760), vestida "a la Polaca", según Louis de Silvestre en 1738.
 
 
Retrato de Carlos VII de Borbón y Farnese, Infante de España, Duque de Parma y luego Rey de Nápoles y de Sicilia (1716-1788); obra de El Molinaretto.
 

Cuentan las crónicas que, cuando el joven rey Carlos VII de Nápoles, y la joven princesa alemana María Amalia de Sajonia se conocieron sintieron un flechazo instantáneo. Es por ello que cumplieron gozosa y rápidamente con el compromiso matrimonial que sus respectivos padres habían acordado. En la historia de los matrimonios concertados raramente sucedían estos flechazos.

Carlos VII de Nápoles y la princesa alemana María Amalia de Sajonia se casaron en Gaeta, localidad próxima a Nápoles, el 19 de junio de 1738. El tenía veintidós años, y ella tan solo catorce. Pese a su juventud, la alta, rubia, robusta y piadosa María Amalia consiguió conectar rápidamente con su esposo. Ambos compartían una formación religiosa y moral sólida, el aprecio por los placeres familiares y el desdén por el boato y el protocolo.



Conocedora la reina María Amalia de Sajonia de la importancia de su matrimonio con Carlos VII de Nápoles, que la hacia emparentar nada menos que con la reconocida monarquía española, consideró que debía mantener buenas relaciones con sus suegros, los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio. Es por esto que estableció con los monarcas españoles una nutrida y afable correspondencia en la que narraba todos los acontecimientos familiares de la corte napolitana que servía a la vez para mantener informada de todo a su suegra.


Las crónicas de la época comentan con regocijo como en los primeros meses de matrimonio los reyes de Nápoles, Carlos VII y María Amalia tuvieron que utilizar el francés para comunicarse ya que era la única lengua que ambos conocían. María Amalia no hablaba ni español ni italiano, y Carlos no hablaba alemán. Esto fue así hasta que María Amalia aprendió el italiano, idioma de su nuevo hogar.

Podemos comprobar, si consultamos la correspondencia entre la reina de Nápoles María Amalia de Sajonia (Dresde, 1724-Madrid, 1760) y sus suegros los reyes de España Felipe V e Isabel de Farnesio, conservada en el Archivo Histórico Nacional. Que todas las cartas están escritas en francés, ya que María Amalia no conocía el español. Además podemos comprobar también como María Amalia firmaba siempre como Amélie.

Desde niña a la reina María Amalia de Sajonia le había sido inculcado, por sus damas de compañía, el gusto por la decoración, los elegantes tapices y los bellos muebles. Además, María Amalia había vivido en palacios decorados con las porcelanas de Meissen, originarias de Sajonia, y tan de moda durante el siglo XVIII. Es por esto que disfrutó tanto en los palacios de Nápoles, que habían sido decorados por Carlos con muebles, cuadros y distintos ornamentos traídos de la ciudad de Parma, su antiguo ducado.
 María Amalia de Sajonia, fue reina de Nápoles durante diecinueve años, y reina de las Españas durante apenas dos. Pese a esta diferencia de tiempo, y como su marido Carlos III fue una reina muy amada tanto por los napolitanos como por los españoles, ya que ambos, como monarcas realizaron grandes obras tendentes a la modernización primero de Nápoles y a partir de 1759 de España.


De los trece hijos que tuvieron los reyes María Amalia de Sajonia y Carlos III, siete de ellos fueron niñas y los seis restantes, niños: Isabel (1740-1742), Mª Josefa Antonia (1742), María Isabel (1743-1749), Mª Josefa Carmela (1744-1801), Mª Luisa (1745-1792), Felipe (1747-1767), Carlos Antonio (1748-1819), Mª Teresa (1749-1750), Fernando (1751-1825), Gabriel (1752-1788), Mª Antonieta (1754-1755), Antonio Pascual (1755-1817) y Francisco Javier (1757-1771). Pero no todos llegaron a la vida adulta, falleciendo cinco de ellos cuando todavía residían en Nápoles, cinco de las niñas.

 
Retrato de los Infantes Carlos Antonio y Gabriel de Borbón.


Las cinco hijas de los reyes de Nápoles María Amalia de Sajonia y Carlos III, fallecidas en Nápoles, las tres primeras: Isabel (1740-1742), Mª Josefa Antonia (1742) y María Isabel (1743-1749); la octava, Mª Teresa (1749-1750), y la undécima, Mª Antonieta (1754-1755), están enterradas en la iglesia de Santa Clara de Nápoles. Esto es así debido a que su padres fueron nombrados reyes de España en 1759, después de sus fallecimientos.


María Amalia de Sajonia fue una mujer muy fecunda, ya que tuvo hasta trece hijos con el rey Carlos III. La única pena es que pasaron años y niños hasta que le dio un heredero varón a Carlos. Primero llegaron cinco niñas. Por fin, llegó un varón, Felipe, que resultó retrasado mental. Y luego otros dos varones: el futuro Carlos IV y Fernando, luego rey de Nápoles. Cumplidas las obligaciones dinásticas y ya con ocho hijos, tuvieron más descendencia, hasta trece.

Según recogen las crónicas, después de tantos alumbramientos, la reina María Amalia de Sajonia había perdido parte de la dentadura y la lozanía. Además, parece ser que la sucesiva llegada de cinco niñas hasta el ansiado heredero, junto con la muerte de tres de ellas, le habría provocado cierta frustración y le había estropeado el carácter hasta el extremo de mostrarse colérica con todo el mundo excepto eso si, con su marido, el rey Carlos III, al que adoraba.

Podemos leer en distintas crónicas como la reina María Amalia de Sajonia había adquirido, para calmar sus estados de nerviosismo, el hábito de fumar grandes cigarros habanos, gustándole además los de sabor más fuerte. Los cigarros habanos se los hacía enviar a Nápoles, desde Madrid, por sus suegros, los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio.

Parece ser que la reina María Amalia no fue nunca una mujer excesivamente coqueta. Se sabe que tenía una modista en Viena que le confeccionaba los vestidos de etiqueta. Y otra en Nápoles que le hacia los trajes de diario y la ropa interior. Esta última al parecer no era muy abundante debido a la costumbre de la época de cambiarse nada más que una vez al mes.



La reina María Amalia, esposa de Carlos III, fue una mujer de gran cultura, y que colaboró activamente con su esposo en el gobierno de Nápoles. Además ambos tenían gustos parecidos, disfrutaban de la vida en el campo, la caza, la pesca... todo en familia. Cuentan algunos embajadores que la reina María Amalia acompañaba a su esposo Carlos III a todas partes, excepto eso si, a las expediciones bélicas.


La vida napolitana, amable y sosegada de los reyes María Amalia de Sajonia y Carlos III se fue a pique cuando, Fernando VI falleció sin descendencia, y ellos se convirtieron en los nuevos reyes de España y tuvieron que venirse a Madrid. Así pues en 1759, María Amalia acompaña a su marido a España, país del que desconoce la lengua y las costumbres, y del que solo tiene superficiales referencias.

El momento de la partida de la familia real de Carlos III y María Amalia de Sajonia en 1759 con destino a España fue triste tanto para ellos como para todo el pueblo napolitano. Este momento lo recoge el cuadro de Joli que podemos disfrutar en el Museo del Prado. Podemos observar el desconsuelo de los napolitanos al despedir a la primera familia real que tenían desde hacia siglos, y a la que tanto le debían ya que ante todo habían sido buenos gobernantes que se habían preocupado por el bienestar del pueblo.

Los reyes Carlos III y María Amalia de Sajonia desembarcaron en España en 1759, tras dejar a sus hijos Felipe y Fernando en Nápoles. Les acompañaban en cambio, sus otros seis hijos supervivientes: el príncipe Carlos, las infantas María Josefa Carmela y María Luisa, y los infantes Gabriel, Antonio Pascual y Francisco Javier. Junto con la servidumbre viajaban también un papagayo, dos monos, varios perros, muchas cajas de habanos y, naturalmente, un belén.

Se puede leer en diversas crónicas cortesanas como la familia compuesta por María Amalia de Sajonia, Carlos III y sus hijos venidos de Nápoles eran grande amantes de la vida al aire libre y de los animales. Hasta tal punto llegaba ese amor a los animales que parece ser que permitían que, los animales que habían traído de Nápoles a saber: un papagayo, dos monos titíes y varios perros anduvieran libres por los salones de los palacios.

Recogen las crónicas que cuando Carlos III aceptó la corona de España, hubo de firmar un documento que excluía a su hijo primogénito, Felipe, de la sucesión al trono de Nápoles, debido a su probada incapacidad para gobernar a causa de su falta de razón. Fue nombrado heredero del trono de Nápoles y Sicilia su tercer hijo, Fernando (Nápoles, 1751-Nápoles, 1825, de tan solo ocho años de edad.

Tanto le gustaban a los monarcas napolitanos María Amalia de Sajonia y Carlos VII, las porcelanas que, en 1743 fundaron en Capodimonte, Nápoles, una fábrica de porcelanas a imitación de la fábrica de porcelanas de Meissen. En 1759, cuando hubieron de hacerse cargo del trono de España, sus instalaciones fueron trasladadas al palacio del Buen Retiro de Madrid.

Tras grandes recibimientos en Barcelona y Zaragoza, el 11 de septiembre de 1759 llegaron a Madrid los reyes María Amalia de Sajonia y Carlos III. Fueron recibidos por toda la Corte, y especialmente por la reina madre Isabel de Farnesio, quien había actuado de regente durante cuatro meses. La nueva familia real fijó su residencia en el Palacio de El Buen Retiro, debido a que las obras del Palacio Real, que estaba siendo levantado en el solar del incendiado Alcázar, aún no habían concluido.

Tras la llegada de los reyes María Amalia de Sajonia y Carlos III a Madrid en 1759, el segundo de sus hijos varones, Carlos (Portici, 1748-Roma, 1819), fue jurado Príncipe de Asturias como futuro heredero del trono español. Gobernando España posteriormente con el nombre de Carlos IV.

Cuando en 1759 los reyes Carlos III y María Amalia de Sajonia llegaron a Madrid el genio de la reina estaba más avivado que nunca, hasta el extremo de que sólo se amansaba en presencia de su marido, el rey. El trato con su suegra Isabel de Farnesio resultó un calvario, pese al buen trato que por carta se habían demostrado, pero como con las mujeres de sus hijastros Luis I y Fernando VI, empezó a entrometerse en el gobierno de la corte, cosa que, Amalia acostumbrada a dirigir su hogar no vio con buenos ojos. Evidentemente las discusiones debieron desarrollarse en italiano o en francés, ya que Amalia desconocía el español.

Según cuentan diversas crónicas cortesanas, la hostilidad existente entre la reina María Amalia de
Sajonia y su suegra la reina Isabel de Farnesio era debida, además de al carácter dominante de Isabel, a las numerosas obligaciones que esta le imponía a su nuera. Entre ellas estaba la que obligaba a Amalia a visitar a su suegra durante al menos dos horas, y todos los días. Otra le impedía abrir las puertas de los balcones de los palacios, aunque estuvieran en verano.

Recogen las crónicas de la época, que hasta tal punto había empeorado el carácter de María Amalia de Sajonia cuando en 1759 vino a España con su esposo el rey Carlos III, que este, para tranquilizarla organizaba un gran número de cacerías por los bosques cercanos a Madrid, sobre todo los de La Zarzuela y El Pardo. Al parecer, esta afición calmaba visiblemente los decaídos ánimos de la reina, que añoraba mucho su vida en Nápoles.

El principal obstáculo que tuvo la reina española María Amalia de Sajonia cuando en 1759 se instaló con su esposo Carlos III en Madrid fue el del idioma. Ella desde su infancia hablaba alemán y francés, y tras convertirse en reina de Nápoles aprendió italiano. Cuando se convirtió en reina de España en un principio decidió hablar francés con todos los cortesanos, reservando el italiano para comunicarse con su marido, hijos y suegra.

Varios factores se unieron para amargarle a la reina María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos III, su primera Nochebuena en España, y que tristemente resultó también la última. Además del desconocimiento del idioma, estaban el feroz invierno madrileño, los fríos aposentos del Palacio del Buen Retiro y la insalubre capital de España, que le pareció horrible en todos los aspectos. Sin olvidar que la salud de la reina había empeorado visiblemente como consecuencia sobre todo del clima, mucho más frío que el de Nápoles.



Parece ser que algunos cronistas de la época atribuyen a la reina María Amalia de Sajonia la frase: "...para acostumbrarme a este país creo que no me bastaría toda mi vida..." refiriéndose a España, país en el que tan solo pudo residir un año. Al parecer Madrid, la ciudad donde residió le causó a la reina una desagradable impresión, posiblemente por su falta de urbanismo y sobre todo por su insalubridad.

Según recogen las crónicas de la época, lo único que le gustó de verdad a la reina María Amalia de Sajonia de España fue el Monasterio de El Escorial. Hasta tal punto le agradó y cautivó el lugar que dejó escrito en su testamento que deseba ser enterrada en el Panteón Real del monasterio, y con el hábito de carmelita.

Resulta curioso que una reina de España no hable ni aprenda a hablar español. Esto sucedió con la esposa del rey Carlos III, quien no llegó a hablar castellano debido a la corta duración de su reinado, que apenas duró dos años. Tan solo uno de los cuales vivió en España, y más concretamente en Madrid.

María Amalia de Sajonia, durante su breve reinado introdujo ciertos cambios en el protocolo de palacio. Entre ellos el más conocido fue el de instalar un Belén en el palacio durante la Navidad. Las figuras que componían el nacimiento, y que los reyes habían traído de Nápoles se conservan hoy en día en el Palacio Real. María Amalia se sorprendió por el éxito que su belén había tenido entre los madrileños, inmediatamente imitado por todas las clases sociales.

Parece ser que al igual que a los reyes Isabel de Farnesio y Felipe V, a la mujer de su hijo Carlos III, la reina María Amalia de Sajonia tampoco le gustó nada la fiesta nacional española, los toros. Esto era debido a que María Amalia siempre había tenido un gran amor por los animales, y las corridas de toros le parecieron un espectáculo muy cruel, sobre todo para los toros.

 
Retrato del Infante Carlos Antonio de Borbón, Príncipe de Asturias (1748-1819); obra de A.R. Mengs. / Abajo, retrato de Fernando IV, Rey de Nápoles y de Sicilia (1751-1825)
 
 

La reina española María Amalia de Sajonia tuvo entre sus hijos a dos reyes y a una emperatriz. El segundo de sus hijos varones, Carlos Antonio llegó a ser rey de España como Carlos IV; Fernando (1751-1825), tercero de sus cinco hijos varones llegaría a ser rey de Nápoles y de Sicilia con el nombre de Fernando IV. Y su hija María Luisa (1745-1792), tras su matrimonio con Leopoldo II de Austria-Lorena se convirtió en la emperatriz de Alemania, después de ser gran duquesa de Toscana.



El duodécimo de los hijos de los reyes de España Carlos III y María Amalia de Sajonia, el infante Antonio Pascual de Borbón (1755-1817), sería quien, en 1808, asumiría la presidencia de la Junta Suprema encargada del gobierno de España tras la marcha de Fernando VII a Bayona como consecuencia de la llegada de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte.

Parece ser que mientras la reina María Amalia de Sajonia iba poniendo las hermosas figuras del belén, que había traído de Nápoles, su esposo el rey Carlos III, preocupado por su deteriorada salud, le hablaba de edificar una fábrica de porcelana en el Buen Retiro, adecentar y modernizar las calles de Madrid, terminar el Palacio Real y los jardines y hacer otras muchas mejoras que España necesitaba. Todo con la intención de que la reina olvidase la tuberculosis que minaba su salud.



Pocos meses después de que Carlos III ocupara el trono, el veintisiete de septiembre de 1760 murió la reina, con los pulmones demasiado débiles por el tabaco, y de tuberculosis. Su esposo Carlos III confesó: "En veintidós años de feliz matrimonio, este es el primer disgusto serio que me da Amalia."


Carlos III, que había estado muy enamorado de María Amalia no volvió a contraer matrimonio.

Tras la muerte de su esposa María Amalia de Sajonia, el rey Carlos III nunca volvió a casarse, pero cumplió todas las promesas que le había hecho a ella. Madrid fue otro. Y las navidades españolas, también. Los artesanos levantinos rivalizaron con los italianos en la creación de figuras para el belén y años después, en Barcelona, se hicieron moldes de yeso para el nacimiento, baratos y populares. En Madrid, hasta los más pobres se acostumbraron a comprar figuras de arcilla cocida en los puestos de la Plaza Mayor. Tradición ésta que continua hasta nuestros días.